Si al universo uno le quita todo lo que no necesita….

Grande Manuel Vicent.

Siempre llevaré en la memoria un artículo suyo de 1994 de la contraportada de El País que todavía guardo y no encuentro y que decía, más o menos:

Si al universo uno le resta todo aquello que no necesita, al final sólo le quedan unas pocas cosas: una soleada mañana de domingo, algunas camisas de algodón, unos versos de Virgilio, una persiana verde y una larga tarde para charlar con un amigo sobre todo y nada mientras paseamos por la playa desierta.

Si de todo el universo uno apartara lo que odia, al final sólo quedaría un poco de amor para escribir un artículo que comenzara así: hoy hace sol, el mar es azul, huele a hierba recién cortada, en la cocina se está haciendo sopa, hay unas manos que tiemblan sólo por esperarte.”

No es equiparable, pero hoy Manuel Vicent ha publicado un artículo en El País que, en cierto modo me ha recordado a aquel y que reproduzco porque se lo merece:

Mitología

Al inicio de los años sesenta, en mi primer viaje a París fui en busca de los lugares míticos que había leído en los libros. En medio de la caspa del franquismo había imaginado que las callejuelas del Barrio Latino, recién regadas, olían por la mañana a croasán tierno y una chica con cola de caballo, que luego sería la Maga de Rayuela, cruzaba en bicicleta el Pont Neuf. En la rue de Seine, casi esquina al bulevar Saint Germain, estaba el hotel La Louisiane. Sabía que allí solían hospedarse músicos del jazz. Miles Davis, John Coltrane, Charlie Parker; también allí habían vivido varios años Sartre y Simone de Beauvoir en una habitación con cocina y allí Albert Camus se veía con su amante Juliette Greco, una de las huéspedes estable. Era un hotel costroso, viejo y lleno de glamour en cuyo ascensor diminuto podías cruzarte con profesores alemanes y modelos de alta costura norteamericanas. En la calle había un mercadillo de carne, frutas y verduras. A unos pasos estaba el café de Flore y muy cerca el estudio donde Picasso había pintado el Guernica. Recuerdo como uno de los mayores placeres de mi vida haber llegado a ese hotel una tarde calurosa de abril, haber dejado la maleta y haber realizado la primera descubierta por los alrededores. En aquel viaje a París, herido como iba de lecturas, cumplí el rito yendo en busca de la Cloiseríe des Lilas, de la Coupole, del Harry?s bar, de la rue Odeón, 12, donde Silvia Beach tenía la librería Shakesperare & Company. Ahora era una mercería muy humilde, pero una placa recordaba que allí se había editado el Ulises de Joyce. En el teatro Saint Martin acababan de estrenar el musical Hair, el de los hipies floridos contra la guerra de Vietnam. Años después llegaría la explosión de Mayo del 68. Desde Madrid veía el bulevar de Saint Michel en llamas, el encierro de los estudiantes en el teatro Odeón, sus proclamas en las paredes. Tal vez yo era el único español que no estaba allí. Sucedió algo parecido con la tarde en que García Lorca se iba a Granada. Fueron una multitud los que tomaron café con él antes de que subiera al tren que le llevaría a la muerte. Ayer, en un reportaje de las elecciones francesas las cámaras de televisión enfocaron a la socialista Ségolène Royal en el mercadillo de la rue de Seine, al pie de La Louisiane. Con la fuerza de la Magdalena de Proust esas imágenes me han devuelto la melancolía de aquellos días cuando aún creía que la libertad y la vida sólo estaban en los libros y que no había nada en el mundo como ser joven en París.

Yo he tenido la suerte de ser joven en París, y también he perseguido a La Maga por las esquinas durante mucho tiempo…, pero eso es otra historia que merece ser contada en otro momento.
Blog de Pere Rodriguez

Y Babel

Ayer vi, por fin, Babel.

Me sorprendió gratamente. Mucho. Me gustó. Babel cierra la trilogía de Iñarritu junto con “Amores Perros” y “21 gramos”.


Por alguna razón pensé encontrarme un film dominado por Brad Pitt, soso y aburrido, y vine a encontrarme una obra bellamente compuesta, de excelente ritmo, con un montón de referencias. Tierna melancolía que situa al espectador en el mejor de los planos del cine de fuerte emoción social.

En Babel he visto fronteras. Interiores y exteriores.

Babel cuenta y encadena varias historias al mismo tiempo. Historias entrelazadas que forman el tapiz de la película.

Brad Pitt y Cate Blanchett son turistas en el medio oriente, en Marruecos, en la zona del desierto, cerca de la frontera con Argelia. Por cosas del destino, por una estúpida casualidad, ella es herida por unos niños que probaban puntería con un rifle. Se mezclan en este punto la ternura de la relación de dos hermanos bereberes que viven cerca de Tazarine y que compiten entre sí por ver quien tiene mejor puntería, con la frontera cultural entre Oriente y Occidente.

El disparo a la turista americana se interpreta de forma inmediata por los mass media de todo el mundo como un atentado integrista islamista contra una ciudadana estadounidense.

En el verano de 2003 Begoña y yo fuimos de viaje a Marrakech y recorrimos toda aquella zona del desierto: Tazarine, Ouarzazate, Erfoud… Aquella zona, entre el Atlas y el desierto, invitaba a la paz. Resultaba sorpendente entrar con la furgoneta en cualquier pueblo y ver las cabras en las puertas de las casas de adobe, las mujeres totalmente tapadas de negro, el omnipresente polvo… La estructura calcada de los pueblos, con su cementerio islámico a las afueras, su pequeño minarete, y escrito, con piedras blancas, en cualquier colina, lemas patrióticos que nos traducía el guía ante nuestro asombro.

La frontera Oriente/Occidente se ve también en los asustados ojos de los compañeros de viaje de Brad Pitt y Cate Blanchet cuando llegan a Tazarine y les hacen bajarse del autobus. Miran con temor y desconfianza a los habitantes del pacífico pueblo, y uno de ellos recuerda con desasosiego que algún tiempo atrás unos islamistas degollaron a 200 turistas en un pueblo de Egipto….

Los niños corretean por las calles persiguiendo a los insólitos turistas.

Recuerdo haber sentido, en algún momento la misma sensación. Una de las experiencias de viaje interior de aquel viaje a Marruecos, recuerdo, fue al bajar de la furgoneta en un recóndito paraje. De repente comenzaron a aparecer niños que uno no podía ni siquiera imaginar de dónde habían salido ni dónde estaban antes de llegar nosotros. Nos ofrecían camellos hechos con hoja de palma. Se me ocurrió ofrecer un caramelo que llevaba en el bolsillo a uno de ellos y fue entonces cuando descubrí que aquellas 5 personas que tenía delante, simplemente…. eran niños. Y que lo único que querían era precisamente eso: un caramelo, un dulce, ver a los extraños que llegaban…

Esa es la ternura de los chicos que disparan a la distancia en Babel.

También aparece en Babel la frontera física: la de Mexico con Estados Unidos.

¿Habeis intentado en GoogleMaps o en Mapquest, o en Google Earth ver los mapas de San Diego y ver cómo se puede llegar a Tijuana, al otro lado de la frontera? Intentadlo.

En esa historia en Babel se contraponen las fronteras físicas con las fronteras del afecto y el cariño. El amor de la nani por los hijos de Brad Pitt se contrapone a la burocracia de la frontera. Norte y Sur. Es un gozo ver como los niños gringos disfrutan correteando y comiendo en la boda del hijo de Adriana Barraza y la diferente consideración que reciben en la frontera. De nuevo la inocencia de los niños frente a lo desgradable de un mundo innecesariamente complicado y hostil. El mundo al margen del mundo. El mundo que sucede teniendo como marco la contemporaneidad, pero simplemente como excusa.
En cierto modo me recordó esta historia (salvando las distancias) al mejor Angelopoulos de “La mirada de Ulises” o “La eternidad y un día“. Pero sobre eso escribiré otro día.

También aparece en Babel, como leit motiv recurrente y telón de fondo de las diferentes historias el hecho de las decisiones aparentemente inocentes que acaban teniendo consecuencias inesperadas, dramáticas y terribles. Algo de destino en el sentido griego. Edipo acaba con su madre y matando a su padre le guste o no.

La última de las historias es, para mí, la más sorprendente. Sucede en Japón. Una escolar japonesa sordomuda, lucha, en plena adolescencia por ser aceptada en la sociedad, pero carga con ella el peso de la muerte de su madre, y la compañía casi invisible de su padre, que a su vez está relacionado con la historia de Marruecos.

Esta historia es la más desasosegante. La sociedad japonesa es especialmente impersonal, especialmente despersonificada. A eso se le suman las características de una persona con disminución y un drama personal y familiar que mezcla la impotencia de generar amor en los otros al sentimiento de culpa y desesperación por el suicidio de su madre, que hace que constantemente planee sobre la película la sombra del suyo propio…. Las fronteras del alma. Las más intangibles y tenebrosas. Seguramente las más difíciles de comprender y traspasar.

Recupero el capítulo 11 del Génesis y leo:

La torre de Babel

Todo el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras. Y cuando los hombres emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la región del Sinaí y se establecieron allí.

Entonces se dijeron unos a otros: “¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámoslos a cocer al fuego”. Y usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les sirvió de mezcla.

Después dijeron: “Edifiquemos una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra”.

Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y dijo: “Si esta es la primera obra que realizan, nada de lo que se propongan hacer les resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen la misma lengua. Bajemos entonces, y una vez allí, confundamos su lengua, para que ya no se entiendan unos a otros”. Así el Señor los dispersó de aquel lugar, diseminándolos por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad.
Por eso se llamó Babel: allí, en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra.

La lucha de los hombres libres en un mundo de entendimiento frente a los designios de un dios envidioso que confundió nuestras lenguas para que nos fuese imposible entendernos.

Por eso el guardia de la frontera de Mexico que se dirije a Adriana Barraza es incapaz de tener una mínima dosis de entendimiento. Por eso Brad Pitt ofrece dinero cuando se monta en el helicopteró al abandonar Tazarine. Porque no ha entendido nada. Por eso Chiako no logra, ni siquiera, entenderse a si misma.

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